miércoles, 29 de febrero de 2012

LA CULTURA: EJE TRANSVERSAL DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LAS ORGANIZACIONES

LA CULTURA: EJE TRANSVERSAL  DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LAS ORGANIZACIONES


           
La Cultura es la savia que alimenta y determina, insondable e inexorablemente, la conducta del individuo en sus diferentes roles y ambientes; por lo tanto, debemos aprender a gestionarla constructivamente.
Víctor Hugo Tineo Verutti

            Es indudable que el concepto de la Responsabilidad Social se ha puesto de moda en muchos países y, sobre todo, en Venezuela, en los últimos años. Sin embargo, sus orígenes se remontan a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el norteamericano Ivy Ledbetter Lee, se refirió a la necesidad de modificar el comportamiento de las empresas frente a su entorno.
            Hoy, más de cien (100) años después, todavía muchas  organizaciones tienen una deuda pendiente con su entorno que debe y tiene que ser subsanada cuanto antes, pues de su comportamiento, dependerá, en grado considerable, su éxito en el mediano plazo.
            En relación a esta problemática, se han llevado a cabo eventos empresariales,  donde  se discute  el rol de la empresa moderna en la sociedad.
En tal sentido, se reconoció la importancia capital de los valores morales y espirituales sobre el ambiente y la dinámica organizacional.              En este sentido, el  reconocido economista Emeterio Gómez, se ha referido  al impacto que ejercen los valores sobre el proyecto empresarial; de allí surge la necesidad impostergable de conocerlos para reinsertar a las organizaciones en un medio real, evitando así  la disonancia.
 Es indudable  el doble rol de la empresa como generadora de ganancias, sin descuidar su otro rol estratégico, la generación de capital social; es decir, devolver a la sociedad parte de sus ganancias transformadas en beneficios tangibles, pudiendo ser considerada como el elemento catalizador de la sostenibilidad en el mediado plazo.
Es obvio, que la responsabilidad social ejerce un impacto determinante en las empresas de hoy. En consecuencia, debemos saberla gestionar adecuadamente.
En este marco de ideas, considero que las estrategias de responsabilidad social deberían  incluir la educación, pues es la senda por excelencia para lograr el desarrollo del país.
            De acuerdo con el Presidente de la Industria de Chocolates El Rey, Jorge Radmond, las organizaciones deben volcar sus esfuerzos, en materia de responsabilidad social, hacia el campo de la formación y el desarrollo de la comunidad, pues allí está  la bolsa de trabajo.
Este planteamiento, muy oportuno en estos tiempos de avances y retrocesos, permite establecer la visión sistémica de la organización, pues el insumo del subsistema de reclutamiento y selección se ubica en la comunidad. Además, el bienestar de la misma supone que aumentaría su poder adquisitivo, permitiéndole adquirir las salidas del sistema; vale decir, los bienes o servicios de las organizaciones.
Sin embargo, para implementar dichas estrategias se requiere de perseverancia, pues suponen un cambio cultural que no se logra de la noche a la mañana. Por el contrario, son esfuerzos que requieren de tiempo para sensibilizar y proceder a la deculturización y activar la neoculturización.
Es un gran reto, pero es una de las formas de salir adelante y mejorar la calidad de vida de los trabajadores y  del entorno.
De hecho, es procedente afirmar que la educación,   es el   camino   para   lograr   la inclusión  social  en  Venezuela, pues   sólo a través de la educación es posible incorporar de manera efectiva a la población a su propio entorno para enfrentar los desafíos.
La argumentación anterior encuentra eco más allá de nuestras fronteras. En efecto, desde hace muchos años la UNESCO viene insistiendo y apoyando programas orientados a elevar la calidad de la formación del pueblo, con el objetivo de viabilizar su participación en los cambios cualitativos y cuantitativos  que requiere su propio entorno donde interactúa cotidianamente.
Cabe destacar el importante rol que deben asumir las empresas privadas, enmarcado dentro de su responsabilidad social. Efectivamente,  el diseño e implementación de estrategias encaminadas a lograr un impacto significativo en materia de adiestramiento y capacitación puede coadyuvar a la incorporación plena de la población al sector laboral y  de esta manera pueda  afrontar sus necesidades básicas.
Sin embargo, esa responsabilidad social de la empresa privada, debe ir apuntalada, de forma sistemática, de un conjunto de políticas y acciones  gubernamentales que permitan que dicho esfuerzo, no se desvanezca en la nada. En definitiva, es necesario el binomio Gobierno-Empresa Privada.
Como indiqué anteriormente, no resulta fácil llevar adelante esta tarea, pues se requiere, en primer lugar, de una verdadera cultura ciudadana  que motive este tipo de acciones. En segundo lugar, y también en el plano cultural,  es necesario que las organizaciones conciban a su entorno como parte integral y complementaria de su gestión empresarial.
            Esta   afirmación nos permite visualizar la necesidad de saber manejar la variable cultural interna, aplicando sistemáticamente el conocimiento de las ciencias del comportamiento humano al desarrollo planificado del negocio y al respaldo permanente de las estrategias corporativas, para mejorar la efectividad de los diferentes sistemas y subsistemas de la organización, especialmente, el de Recursos Humanos; y, por ende, la concepción del entorno.
            Lo que antecede nos permite asegurar que la mayor parte de los programas de gestión y desarrollo del Talento Humano tienen una eficacia limitada, porque no se inician por un análisis riguroso de la cultura de la organización que permita su posterior adaptación al proyecto empresarial vigente en consonancia con su entorno. Muchos de esos programas introducen en las organizaciones procedimientos, algunos de ellos muy válidos, pero que fallan desde la raíz por la escasa implicación que consiguen entre el personal, debido justamente a su incapacidad para movilizar las energía latentes.
El ajuste de la Cultura al proyecto empresarial, o su cambio, en caso que se oponga al desarrollo de éste, debe ser el punto de partida de cualquier estrategia corporativa actual.  Es justamente aquí, donde entra en escena el rol estratégico que debe desempeñar la Gerencia de Personal, como co-ductora de este invalorable intangible, conjuntamente con la Dirección.
 Y en tercer lugar, es imprescindible la realización conjunta de proyectos en materia de responsabilidad social, entre el sector gubernamental y el sector privado, especialmente en el campo de la formación.
En esta trilogía se encierra, a mi entender,  la dimensión transversal de la cultura.
 En definitiva, sólo a través del cambio cultural se pueden llevar adelante verdaderos programas de responsabilidad social  asumidos desde una óptica sistemática, permitiendo así su retroalimentación constante, en virtud de la dinámica ambiental, capaces de incidir positivamente en el entorno y, por ende, en la propia empresa.
            Quienes consideran estos programas como un gasto, están fuera de todo contexto y realidad, pues en verdad, son una inversión segura en el mediano plazo. Sino, solo basta con analizar los programas en materia de RS implementados por grandes empresas como: Procter&Gamble; Johnson & Jonson; Coca Cola y muchas otras. Allí están las respuestas.
            Para concluir, creo procedente mencionar una afirmación hecha por Santo Tomás de Aquino, las cuales  que rezan:  timeo hominem unius libri”. Esta lacerante sentencia viene al dedillo para el tema tratado, puesto que pone de relieve el peligro en que incurren aquellos que sólo conocen un aspecto de la realidad. (temo al hombre de un solo libro)

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